Por Sónia Marquès
Esta entrevista a Miguel Alija, chef de Restaurant Casa Calvet desde hace 18 años, se hizo entre ruidos de extractores y orquestando él en cocina: ”Avelino, el azúcar, que se quema”. Hay una palabra pintada con rotulador velleda en una de las paredes donde cuelgan pucheros que llama la atención por ser un ingrediente un tanto especial: “Actitud”. Sencillez, camaradería, buen humor, fidelidad a su equipo… así definiría yo la actitud de este chef que reinventa cada temporada la cocina mediterránea a base de experiencia y sabiduría culinaria.

Miguel Alija, chef, captado por la cámara de Julian Seal.
¿Te hubieras imaginado que reinventarías la cocina mediterránea de esta forma?
Empecé en cocina casi por casualidad. Entré en este mundo para pagarme los estudios, pero después me pudo más esto, me gustó más. A los dieciocho años ya estaba dedicado plenamente a la cocina, pero hasta los 21 años no tuve una idea clara de lo que era la alta gastronomía.
¿Tu primer plato, tu primera creación, fue en qué momento y en qué lugar?
Unos de mis primeros platos creativos fueron las hortalizas crujientes con melón, hígado de pato y vinagre de frambuesas, ya en Restaurant Casa Calvet. Estuve antes en varios restaurantes: El Picadero, Via Veneto, La Dama, El Dorado Petit… Pero donde me cree profesionalmente fue en Via Veneto. Como cocinero, en todos los sitios donde he estado.
¿Es complicado ser creativo, crear una carta nueva cada temporada?
Sí, porque es fácil repetirse. Además, cuando creas los platos de una carta tienes que pensar en lo que puedes hacer, y no en lo que quieres hacer, que son cosas muy diferentes. Hay cosas que me gustaría hacer pero soy consciente de que por tiempo, por personal o porque la gente no lo aceptaría no se pueden poner en una carta. Son muchas cosas las que hay que tener en cuenta cuando creas un plato.
¿De dónde partes en tus creaciones?
Hay varias cosas que hay que tener en mente: colores, sabores, olores. Lo primero que me viene es el producto. Después, pienso en cómo sacarle partido. Tras años de experiencia, a base de utilizarlos, vas aprendiendo las calidades, los tamaños, las texturas. Es un poco como un puzle, y me voy haciendo una composición. Después vienen la elaboración, el montaje del plato y la presencia.
¿Pruebas el plato antes de integrarlo en la carta?
Sí, hay que probarlo, y remodelarlo si es preciso. En el 85 por ciento de los casos voy a tema fijo. En mi cerebro están almacenados los sabores, y juego con eso. No me hace falta probarlo para saber que está bien, pero claro que lo pruebo, porque me puedo equivocar.
¿Quién es tu mano derecha después para hacer de conejillo de indias?
Alejandro Jurado, segundo en cocina. Lleva también desde los inicios en Restaurant Casa Calvet. Yo soy Alejandro Jurado, y Alejandro es Miguel [risas de los dos en cocina].

Miguel Alija, junto a Alejandro Jurado, segundo de cocina, también en Restaurant Casa Calvet desde los inicios.
¡Vaya compenetración!
Es por un tema humano, por la persona que es.
¿Cuáles son tus herramientas para coordinar el trabajo en equipo en horas punta?
Disciplina, seriedad… Soy como un general [risas].
¿Este equipo de gente que trabaja contigo desde hace años en Restaurant Casa Calvet crees que te definiría así?
Sí, seguro; je, je. Pero sé que me aprecian. Intento ser justo, y creo que lo saben.
¿Y cómo se gestiona el estrés de hora punta?
Con experiencia. No puedo gestionarlo de otra manera; poniendo las cosas en orden, separando las cosas hasta que se ve la luz…
Tus ingredientes preferidos a la hora de crear…
Pescado. Desde el marisco y los crustáceo a todo tipo de pescado, porque me gusta el resultado que tiene. El pescado fresco del día es lo que verdaderamente vivo más.
¿Y tus notas preferidas para añadir a este producto fresco?
Las tendencias asiáticas, quizás. Pero cuanto menos enmascarado esté el producto mejor… A la plancha, unas escamitas de sal y un chorrito de aceite, y es suficiente.

El chef, en una de sus composiciones...
¿Cuál ha sido la evolución de la cocina mediterránea a lo largo de estos casi 20 años en Restaurant Casa Calvet?
Más simplicidad. Hay cocinas que son muy rebuscadas y otras más simples. Me quedo con la cocina simple, con la mediterránea; con las verduras, los cereales y el aceite de oliva. Todo, lo más suave posible. La gente está comiendo mucho más sano, más ligero, menos cantidades. En general, sabemos comer mucho más. Y esto es bueno para nosotros, los profesionales, porque nos exige más. Ahora bien, cuando elaboras una carta tienes que pensar en todos los gustos. Hay otra cocina más contundente y de sabores contrastados que también gusta.
¿Y cómo aprecian esta cocina mediterránea los comensales de distintos países que tenéis como clientes?
Está muy bien cuando los comensales se dejan llevar. Si les gusta lo que prueban aquello se convierte en un referente. Es decir, si les queda en la memoria es muy importante, porque siempre van a tener el recuerdo, por ejemplo, de la merluza y de la textura que tenía la que se comieron en Restaurant Casa Calvet. Un mejillón, pongamos por caso. Lo puedes probar más o menos cocido. Pero la textura que tenga si es buena te quedará como referencia… Cuando pruebas por primera vez un producto es muy importante que te llegue, que lo recuerdes, que se fije en la memoria, porque con este recuerdo compararás el que comas después. La idea es que de aquí se vayan con estos referentes y recuerden lo rico que estaba lo que comieron en Casa Calvet.
Vaya mejillones grandes me acabas de enseñar…
Llegados de Galicia. Son muy ricos, sí.
¿Dónde te viene la inspiración a la hora de crear?
Con esta última carta, las ideas me han venido en momentos puntuales; cocinando, por ejemplo. Me viene el producto: langostinos y pichón, por ejemplo. Después, falta desarrollarlo.
¿Cómo te defines como comensal?
Soy un gourmet. Me encanta la comida. Me encanta comer y todo lo referente a la cocina. Me siento en la mesa, y que me traigan cosas… Me gusta todo.
Un plato que pueda tentar a los lectores ahora mismo…
El plato del día: rape con patatas a la crema de chipirón y judías verdes salteadas. Y unas navajitas que me han traído hoy del Delta. Producto, producto, producto. El 95 por ciento del plato es producto. Lo otro depende de que te salga bien.
¿Eres feliz cocinado?
Casi todos los días [risas].
















Mención aparte merece Gramona, que ha obtenido recientemente muy buena crítica del prestigioso catador Neal Martin, de la publicación norteamericana Wine Advocate. El cava Gramona III Lustros Brut Nature Gran Reserva 2005 (con 95 puntos) figura también en nuestra carta de vinos.






